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Sesión 2. Capítulo 8. El demiurgo

Misión 8. El demiurgo

Poco a poco fueron despertando. Tenían la cabeza pesada, y no enfocaban bien la vista. Cuando Max se puso en pie, Noah ya cantaba y daba vueltas por la habitación. El resto de la clase se desperezaba con torpeza. Se encontraban en una habitación enorme. El suelo era de baldosas con forma de pentágono. Las ventanas eran circulares, y estaba repleto de mesas con forma de rombos, cuadrados y trapecios. Cuando, por fin, todos estaban bien despiertos, Joel no pudo evitar hablar.

        —¡Esto es como Minecraft! —exclamó.

        —Pero con diferentes formas —matizó Edi.

        La estancia era luminosa, y tenía espacio para más de cuarenta personas. Ainara y Mari Luci, caminaban observándolo todo, buscando la manera de salir de allí. Pero fue José Diego quien descubrió la forma de hacerlo.

        —¡Chicos! —les llamó—. ¡Fijaos! Hay un botón rojo.

        Álvaro corrió con todas su fuerzas y, antes de que pudieran hacer nada, pulsó el botón con una sonrisa en los labios.

        ¡Nooooo! —gritaron todos a una—. No sabemos lo que puede pasar.

        Las palabras del grupo fueron premonitorias. Al otro lado de donde se encontraban, una enorme puerta de doble hoja se abrió poco a poco, sin apenas hacer ruido. Al otro lado, el enorme robot mayordomo, les aguardaba.

        —Sean bienvenidos, nobles huéspedes —se escuchó en la habitación—. La dama del castillo está deseando recibirles.

        Nadie del grupo se atrevió a decir una palabra, pero, como marionetas, se fueron acercando a la puerta abierta, sin ser muy conscientes de lo que estaban haciendo.

        —Un momento —pidió José Diego—. ¿No vamos a preguntar nada más?

        Las cabezas se movían a uno y otro lado, pero nadie decía nada. Al final, Max, el adulto, elfo y guía de los amigos, tomó la iniciativa.

        —Hemos venido a esto —dijo por fin—. Además, creo saber quién es la dama del castillo. No nos hará daño.

        Y sin mediar nada más. Todos siguieron al mayordomo.

 

No tuvieron mucho que andar. A los pocos minutos, se plantaron frente a una puerta tan grande como la de su habitación, pero tremendamente más decorada. Parecía de oro, plata y acero, pero cuando el robot la empujó, se movió como si fuera de papel.

        Al otro lado, un pasillo larguísimo los guiaba hacia el trono. En él, una elfa hermosísima, los esperaba sonriente. Parecía disfrutar de la eterna juventud que tienen los de su especie, pero, incluso para ellos, parecía una persona mayor.

        —Es quien yo esperaba —les susurró Max—. Es la antigua Gran Maestra de magia del bosque. Fue expulsada por investigar magia prohibida, pero es muy buena persona.

        —Pues vayamos, pues —dijo Joel sin dudarlo—. No puede ser tan difícil.

        El resto de amigos siguió a Joel. Cuando estaban a pocos metros del trono, el robot volvió a hablar.

        —Los alumnos y alumnas de la ECDD están aquí.

        La elfa se levantó con elegancia y se acercó a los estudiantes.

        —Ante vosotros —empezó el mayordomo—, tenéis a la señora del castillo: la demiurgo.

Actividad 1. Responde las siguientes preguntas

●       Ejercicio 1. Leed el capítulo correspondiente dos veces. Subrayar en el texto al menos cinco palabras que no entendáis. Copiadla en vuestro cuaderno. (15’)

●       Ejercicio 2. Compartir las palabras y averiguar el significado. (15’)

●       Ejercicio 3. De forma oral, y en gran grupo vamos destacando las ideas principales y/o las cosas que nos hayan llamado la atención. (10’)    

●       Ejercicio 4. Leed en voz alta conforme el maestro vaya indicando. Procurad dar la entonación y pronunciaciones correctas. (15’)

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