LEYENDA
La torre de Breogán
Leandro Carré Alvarellos
Una tarde de otoño, cuando la atmósfera es clara y transparente, Ith, hijo de Breogán, subió a lo alto de la torre y desde allí oteó el horizonte. En la lejanía del mar, allá en los confines donde parece que se juntan las aguas con el cielo, le pareció divisar entre las brumas de la distancia otra tierra desconocida. El deseo de saber lo que habría en aquel lugar, hasta entonces ignorado, hizo nacer en su imaginación la idea de una apasionante aventura. Pidió consentimiento a su padre para organizar una expedición y lo consiguió. Tal vez al otro lado del mar hubiesen piedras que pudiesen trabajarse para fabricar armas y herramientas; o el precioso metal amarillo con el cual se labraban joyas; quizá riquísimas frutas o semillas parecidas a la cebada o el centeno, u otras, útiles para la alimentación o el vestido; maderas, lino para sus ropas, otros animales, otras gentes con quienes
La expedición se y de esta manera fue como los celtas de Galicia llevaron a Irlanda su civilización. Por eso se encuentran en Irlanda las mismas citanias o castros de casas circulares, iguales a las de nuestro país, y los preciosos torques de oro, emblema de los jefes, y semejantes nombres de ríos y lugares; y hasta la misma gaita, con parecidos temas musicales.
|
Otear es mirar desde un lugar alto. |
|
Confín es lo más lejos que se puede llegar a ver. |